Ser constante cuando eres mamá (y todo depende de ti)
Voy a decir algo que pocas veces se dice en voz alta: entrenar siendo mamá no es fácil.
No porque falte disciplina, sino porque la vida cambia. Cambian los horarios, la energía, las prioridades… y muchas veces, todo parece depender de ti.
Trabajo, hijos, casa, pendientes, decisiones. Y en medio de todo eso, aparece esa vocecita que dice: “Cuando tenga más tiempo empiezo”.
Yo también he estado ahí.
No entreno porque me sobre tiempo
Entreno porque me hace bien.
Porque me ayuda a tener paciencia.
Porque me da energía.
Porque me recuerda que también soy persona, no solo mamá, no solo empresaria, no solo la que resuelve todo.
La constancia no nace de agendas perfectas. Nace de entender que si tú estás bien, todo fluye mejor.
La constancia real no se ve como Instagram
No se ve como entrenar todos los días a la misma hora.
No se ve como sesiones eternas.
No se ve como nunca fallar.
La constancia real se ve así:
entrenar aunque sea 20 minutos
moverte en casa mientras todos duermen
adaptar tu rutina al día que tienes, no al ideal
volver sin culpa cuando una semana se complica
Eso también cuenta. Y cuenta mucho.
Dejar de exigirte perfección cambia todo
Durante mucho tiempo pensamos que, si no hacemos todo “bien”, mejor no hacer nada.
Pero la maternidad nos enseña algo muy claro: la perfección no existe.
Cuando sueltas la exigencia, el cuerpo responde mejor.
Cuando bajas la presión, el hábito se vuelve sostenible.
Entrenar deja de ser una obligación y se convierte en un espacio tuyo.
Menos decisiones, más acción
Algo que me ayudó muchísimo como mamá y empresaria fue esto: no pensar tanto qué hacer.
Cuando tienes rutinas listas, claras y cortas:
no negocias contigo misma
no pospones
no te desgastas mentalmente
Por eso creo tanto en entrenamientos estructurados que se adaptan a la vida real.
👉 En Entrena con Alex tienes rutinas semanales pensadas justo para mujeres que no tienen tiempo que perder, pero sí ganas de cuidarse.
Entrenar también es enseñar
Sin darte cuenta, cuando te mueves, enseñas.
Cuando te priorizas, inspiras.
Cuando te cuidas, marcas un ejemplo.
No desde la perfección, sino desde la coherencia.
Tus hijos no necesitan verte hacerlo todo.
Necesitan verte respetarte.
Conclusión
Ser constante cuando eres mamá no significa hacerlo todo.
Significa no dejarte para después.
Aunque sea poco.
Aunque no sea perfecto.
Aunque algunos días cueste más.
La constancia real se construye así: paso a paso, con intención y con mucho amor propio.
Y sí, se puede.

